Es la ironía un recurso literario tan sutil que se presta a ocasionar
graves problemas interpretativos. Y es que el ironista depende en gran
manera, para su comprensión, del reconocimiento del lector. El que "por
vituperio dice alabança"--por usar la expresión de don Enrique de Villena--,
[n1]
corre el riesgo de que al final el favor prevalezca en la estima del oyente.
Pocos pasajes de la literatura universal podrían aclarar esta proposición mejor
que el del auto I de Celestina', donde Pármeno entona un himno grotesco al
renombre de la "puta vieja alcoholada."
La fantasmagoría erótica es de una resonancia verdaderamente estruendosa. Los instrumentos de la amalgamada orquesta los componen yunques, calderos, martillos, sierras, telares, tableros, peines, azadones y arados, cantos rodados. La schola cantorum la integran perros que ladran, aves que graznan, ovejas que balan, asnos que rebuznan, ranas que croan. El discordante concierto resuena en las huertas, en los campos de labranza, en los viñedos, en los talleres, en los casinos, entre el regocijo de los convites y los llantos del velatorio; pues Celestina,
Celestina es la puta por antonomasia, y de ello se enorgullece. No hay en toda la Tragicomedia de Calisto y Melibea un pasaje más rítmico y vigoroso en su lenguaje, más atractivo y musical en sus imágenes, más rico y polivalente en sus sugerencias. La sátira contra la "puta vieja alcoholada" no podía ser más efectiva, más punzante; pero al final --para mayor ironía-- el favor prevalecería en la estima de Calisto, que postrado suspiraría:
El cántico suena a parodia de los salmos 148-50 en los que todo el universo, en enumeración detallada, mares, cetáceos, collados, granizo, nieve, niebla, viento, fieras y aves, con címbalos resonantes, se unen en alabanza de Yavé:
En boca de Pármeno el estridente concierto es todo un ininterrumpido crescendo hasta el fortísimo final:
Y de pronto, en ese momento de la narración, hay un enmudecimiento de orquesta y coro. El auditorio como si dejara de oír, sólo para poder contemplar con mayor atención la imagen descorcertante del marido de Celestina:
Aquí se quebró el hilo de la narración, para que resaltara más la figura que sin duda constituía el climax de la gradación. Aquí se calló la orquesta, y nuestra imaginación, sobrecogida, se centró en el marido de la "puta vieja," el director de aquella barahunda. Tras la breve visión de la silueta del marido, se dejaban oír las notas del último compás:
Puta verdaderamente excepcional debió ser Celestina cuando aun de vieja subyugaba lujuriosamente a su propio marido; en verdad no habría podido éste escapar a los hechizos de quien, como coroboraría Sempronio,
Al parecer, la frase "comedor de hueuos asados" ha resultado bastante
enigmática a los críticos que de ella se han ocupado con cierta detención. P.
Goldman extraía la expresión de su contexto para analizarla en la corriente de
ciertas prácticas judaicas o ritos de lamentación, en los que era costumbre
comer huevos cocidos o asados.[n3] ¿Querría Goldman hacernos creer que sólo
los judíos se atiborraban de comida con motivo de los velatorios? En ese caso
es que sabía muy poco de costumbres muy generalizadas y vigentes aun en
nuestros días de los banquetes póstumos.[n4] Según su interpretación, la alusón
del Pármeno estaría llamada a producir una abrupta ruptura en el hilo del
discurso, en el ritmo trepidante del concierto, para anunciar al lector que el
marido, como era judío, se desentendía del grostesco cortejo que aclamaba a la
"puta vieja," y lloraba, y comía. Es decir, el marido aparecía en el pasaje
como víctima afligida y pesarosa del oficio de su mujer, como la única criatura
que no se dejaba arrastrar por el omnímodo poder e irresistible hechizo de
Celestina; para el comentarista, pues, Pármeno introducía con la alusión al
marido un elemento que venía a producir un súbito desmoronamiento de ese
colosal monumento al erotismo sin coto de Celestina. Goldman,
más interesado en exponer las prácticas judaicas que el contexto del AUTO,
quebrantaba con su interpretación foránea la línea de ese ininterrumpido
crescendo que consigue que en el marido, comedor de hueuos asados, se
encrespe nuestra fantasía para enseguida quebrarse contra las piedras
conmovidas, lápida perenne, solemne epitafio con que se sellaba ese gran monumento a la puta.
[n5]
Y es que no se concibe que ningún marido aguante al lado de la coima, si no es como cómplice y
beneficiario de su carnal comercio.
La obvia timidez de este aserto se debe a que Gillet parecía guiarse por
una intuición sin tener a su disposición documentos donde apoyarse; por otro
lado, llevado también por ciertas tendencias centrífugas, exocríticas, no se
muestra tan interesado en aclarar lo de "comedor," o de ensalzar el arte y la
excelencia del discurso, como en justificar y popularizar una tardía variante,
introducida en una traducción italiana de la obra: comendador o encomendador
de huevos asados.[n9]
Y, sin embargo, a continuación cita un texto de
Alarcón, donde los huevos se asocian a las cantáridas, uno de los
más potentes y populares afrodisíacos:
Que quisiera decirnos Pármeno que los huevos eran nutritivos y reconstituyentes, sería una perogrullada, con la cual se debilitaría la cuidada gradación de las imágenes. Que aludiera a los huevos como afrodisíaco, cuenta con una larga y fehaciente tradición literaria, a caballo entre la medicina y la magia; como afrodisíaco venían los huevos asados a rematar con brilantez y vigor la gradación climática. Veamos. Entre otros, recomendaban expresamente los huevos, por su virtud afrodisíaca, Ovidio (Ars amandi, 2, 4l5 ss.), y el enciclopedista Plinio el Viejo (Historia naturalis 30, 49), quien enseñaba que comer carne o huevos de ave excitaban el apetito venéreo:
Era, empero, entre los árabes donde los huevos gozaban del mayor prestigio como afrodisíaco. Recoge tales creencias el tunecino Al-Nefzaoui (entre l394-l433) en su obra The Perfumed Garden; en el último capítulo expone la conclusión de su trabajo y trata de cómo la deglución de huevos causaban los buenos efectos de favorecer el coito
A los más exigentes, a los interesados en copular durante toda la noche les recomendaba el autor las siguientes recetas:
El Antiguo Autor de La Celestina, a continuación del texto que aquí se
comenta, resaltaría cómo Pármeno era un experto en cuestiones de curas y
remedios, perfumes, brebajes y otros hechizos, con un conocimiento preciso de
la nomenclatura de los herbolarios y la farmacopea que en su casa guardaba
Celestina.[n12]
Sexagenario era por entonces el rey Fernando. Que el potaje fuera un estimulante sexual, nos lo confirma el historiador Pedro Mártir de Anglería, quien a su vez nos hace una valiosa aclaración sobre los ingredientes básicos de que estaba confeccionado, nada más y nada menos que de testículos de toro:
Aparte de que el rey deseara descendencia --preferiblemente masculina--, compréndase que al mencionar la intención procreadora se le exculpaba al monarca --como se exculpaba a todos los casados-- de pecado mortal en el uso de afrodisíacos, cuyo uso era, por otro lado, ilícito si sólo se pretendía con ellos --como el marido de Celestina-- excitar la libídine. Se enseñaba en Las Siete Partidas:
Para Angel Alvarez de Miranda la anécdota del rey Católico era una manifestación de la magia y medicina asociadas al toro en la Península Ibérica; el celebrado investigador de antropología cultural hispánica, dice que lo importante de la anécdota era "la creencia popular de las virtudes genésicas de que es portador el toro," añadiendo con encomiable exactitud que "recetas más o menos semejantes se leían en libros de la antigua medicina clásica, y hombres cultos, como el propio Cristóbal Colón, les prestaban asenso."[n15] Y es que, efectivamente, el poder afrodisíaco de los testículos de toro no era creencia exclusiva de los iberos; más allá de los Pirineos contaba con el respaldo de tan distinguidos tratadistas como Antonio Mizaldo, quien en una obra publicada en Frankfort en l599, recetaba como estimulante sexual, para el hombre y la mujer, el testículo árido de un toro que fuera completamente rufo.[n16] Sin duda el color rojo sería para el autor indicativo de la mayor potencia sexual del bicho. Plinio el Viejo, como vimos, recomendaba los huevos como excitantes venéreos, y en otra ocasión hace referencia a las virtudes estimuladoras de los testículos de caballo y el testículo derecho de un asno, con un vaso de vino (animales de grandes atributos sexuales):
Multiforme fue la influencia de Plinio sobre los medievales, y en cuestiones medicinales gozó de gran autoridad entre los médicos, como puede verse por los recetarios.
Marcelo Empírico, por ejemplo, en su obra De medicamentis libri, de
gran popularidad, cuya edición príncipe apareció en 1536, recogió y propagó
las creencias sobre los huevos y testículos según Plinio, con algún ligero
retoque personal. A los más flojos en cuestiones de sexo les amonestaba
Marcelo que más eficaces que los huevos eran los testículos, sobre todo si se
preparaban con miel y se comían en ayunas durante tres días consecutivos;
su efecto curativo era indudable e inmediato [n17]
San Alberto Magno, preclaro entre los intelectuales, teólogos y alquimistas
del medievo, compartía y propagaba la medicina de tipo homeopático,
basado en la creencia muy generalizada de similia similibus curantur, que
viene a a asemejarse a nuestro refrán "La mancha de una mora con otra
verde se quita," o el otro, entre los de La Celestina, "vn clavo con otro
se espele."
Se creía universalemente que el hombre podía fortalecer sus
órganos mediante una alimentación a base de órganos semejantes de ciertos
animales.
Así explica Harry E. Wedeck el concepto de medicina homeopática:
¿Huevos, testículos?[n21] A la mayor parte de los lectores de La Celestina, en contraste con los editores del texto que han solido pasar por alto esta popular acepción del término, no se les habrá escapado la asociación. En Castilla hay costumbre de encargarle los huevos al carnicero. A pesar de esta costumbre tan extendida por la geografía española, en los diccionarios castellanos no suele darse entrada, bajo `huevos', a su corrientísima acepción de testículos. ¿Demasiado vulgar? Que lo indiquen. ¿Que no existe en otras lenguas romances tal acepción traslaticia? No importa; eso lo hace más peculiarmente castellano, aunque, dicho sea en homor de la verdad, no podremos gloriarnos de haberla inventado en Castilla. Existía tal acepción en el latín tardío, apuntada en glosario del latín medieval de Du Cange, acepción que brillo por su ausencia en muchas ediciones del Diccionario de la Real Academia. Se lee en Du Cange:
Es bien sabido que los conquistadores, contemporáneos de Pármeno, llevaron consigo al Nuevo Mundo huevos como sinónimo de testículos,[n23] y en esas tierras arraigó e imperó la acepción hasta tal punto, que en naciones como México a los de ave se les llama blanquillos.[n24]
Es forzoso, por otra parte, reconocer que en los textos literarios peninsulares
[n25] no abundan los ejemplos en los que huevos se emplee con acepción
clara de testículos (tan clara como la del referido texto latino De Vetula). Un
ejemplo claro y vulgar se encuentra en este romance erótico que recoge
Alzieu (283):
Su casi total ausencia en los textos es más conspicua por ser su presencia tan frecuente en la calle. Algunos textos de los que aduce el profesor Gillet merecen interpretarse con tal acepción, legítima, si no obligatoria, dado el ambiente germanesco y de bajo erotismo del contexto en que se hallan. [n26] En el pasaje de Pármeno, el sentido doble, ambivalente, sugestivo, enriquece la ironía, colorea y aviva la sátira, intriga, incita, cosquillea y enardece la fantasía. Como consecuencia, todos los elementos que se mencionan en e l contexto resultan más chocantes, más grotescos, desde los perros hasta las piedras, desde la puta que volvía la "alegre cara," hasta el marido que se atiborraba de "hueuos asados." El cuadro total no podía ser más surrealista, más digno del trastornado pincel de El Bosco, o del penumbroso de Goya. Abundando en la acepción traslaticia de huevos, valga la observación de que en los recetarios antiguos y medievales, desde el de Plinio hasta el de Mizaldo, se especificaba que los testículos debían secarse --aridi-- y pulverizarse, para ingerirlos como poción. Sin duda que no era sino poción el "potage frío" de que hablaba Galíndez de Carvajal. Nótese que la palabra latina por asado --assus-- significa también "seco". En los muchos textos citados se ve cómo se aconsejaba que se secaran los testículos. De todas formas, para secar y pulverizar los testículos --los povos de la madre Celestina--, habría que asarlos primero. Sin duda que Pármeno estaba muy al tanto de la culinaria medico-mágica. Pero, ¿con qué fin comía huevos asados el marido de Celestina? No convence que el viejo alcahuete estuviera locamente enamorado de la "puta vieja." Al-Nefzaoui, el tunecino citado más arriba, hace unos comentarios muy convincentes y que podrán ayudarnos a conceptuar al marido de Celestina como un marido atraído por el irresistible hechizo de su mujer y su comprensible impotencia. Impotente por la edad (piénsese en el sexagenario Fernando el Católico), pero, sobre todo, impotente por el disgusto que, junto con la atracción, naturalmente sentiría por la "puta vieja," en la que solían descargar herreros, carpinteros, labradores, tejedores y todo bicho viviente. Dice el tunecino:
Podemos ver en la sátira de Pármeno, pues, un doble filo: la promiscuidad indiscriminada de la "puta vieja," y la irremediable flaccidez del viejo alcahuete. Guiados por el texto mencionado de Las Siete Partidas comprende- mos que se trataba de un hombre que comía hueuos asados, porque
un hombre que "en esta manera peca mortalmiente," por esforzarse en hacer lo que "natura nol da." ¡Qué atractivo el de la puta vieja Celestina!. No sólo atraía al coito a herreros, carpinteros, armeros, herradores, caldereros, arcadores, peinadores, texedores, ladradores, sino que en su propio marido podía más la atracción hacia ella que su natural disgusto e impotencia; para vencerla, comía hueuos asados. En fin, no era de extrañar:
En el epigrama de Pármeno se entreven ciertos tonos funerarios --si no macabros-- que nos hacen pensar en la fatalidad del filtro, por un lado, y en la creencia de los antiguos de que la copulación con viejas era letal, por otro. "¡Qué comedor de hueuos asados era su marido!" Un somero repaso a los recetarios de afrodisíacos, a los repugnantes y nefarios compuestos --bazofias de alcahuetes y brujas--[n28] casi hace enfermar al lector, por lo que no es de extrañar que volviera loco al consumidor, si no lo mataba; baste mencionar los casos del poeta Lucrecio (y Dido), el rey Fernando y el de Wallenstein.[n29] Las amonestaciones contra los filtros son abundantes, desde Ovidio (Ars amandi 2, l05-6) entre los romanos, hasta Avicena, el príncipe de los médicos árabes; desde éste (principios del siglo XI), hasta el jesuita, profesor de Salamanca, Martín Del Río (principios del XVII).[n30] Que fuera considerada letal la copulación con mujeres que habían pasado la menopausia, era creencia antigua recogida en Las mil y una noches, en boca de la sabia Tauadud (noche 453):
Mediante un profundo sondeo en la tradición literaria y medico-mágica, he tratado de reconstruir el marco de la mentalidad y la cultura eróticas de la época de La Celestina, con el fin de realzar las reverberaciones artísticas y la potencia satírica del cántico de Pármeno a la "puta vieja alcoholada," y en él, la función catalítica e integradora de la frase "¡Qué comedor de hueuos asados era su marido!" La época de Pármeno ha sido caracterizada por un historiador de la medicina en España, Félix Martí-Ibáñez, como "una época en la que los afrodisíacos y filtros de amor constituían los medios de apoyo de los tratos libidinosos, y particularmente sobre Celestina comentaba:
La enumeración de Pármeno es una gradación ascendente en la que el marido ocupa el supremo escalón patético, por ser él el ser menos indicado para dejarse arrastrar de la lujuria de la "puta vieja." Pero Celestina obraba en su marido el nefando portento a base de afrodisíacos, con los que la pasión del marido se hacía-- según Las Partidas--tan mortalmente pecaminosa como la de los herreros y labradores; se hacía tan bestial como la de los perros y las ranas. El himno de Pármeno es un telúrico regüeldo que le sonaba a Celestina a música empírea, y que escuchaba con "alegre cara."
¿Cómo le sonó a Calisto, en cuya edificación se entonaba? Lo que
inspirado y ardoroso recriminaba Pármeno, eso era lo que anhelaba Calisto: si
los polvos de la madre Celestina lograban reanimar --¿hasta dar muerte?-- la
fláccida libídine del viejo marido,
1. La Eneida traducida, Bib. Nacional (Madrid), ms. l874, fol. l30 vto. 2. Pueden verse en el texto de Pármeno reminiscencias de Virgilio, uno de los escritores favoritos del autor del acto I; el latino evoca en la Egloga V una naturaleza que aclama a Dafnis como a un dios, rematando la gradación con las mismas piedras y los mismos arbustos claman: ¡dios, dios es aquél --ipsae iam carmina rupes, ipsa sonant arbusta: deus, deus ille (vv. 64-65). Los antiguos comentaristas, según Servio, comentaban: si las piedras y los árboles le llaman dios, es que lo es. 3. Dice Goldman: "eggs, especially roasted or hardboiled, are the traditional food of mourning among the Jews. If Celestina's "marido" truly loved her, as a Jew he would then silently signify his grief caused by her infidelity, by eating eggs" (p. 364). Para mí, el examen de lo judaico es una gran tentación que suele producir eco académico, aunque "lo judaico" no encaje, como aquí. En este caso concreto "lo judaico" nos nubla la visión del exaltado y multiforme erotismo que pretende darnos Pármeno. Por ningún indicio lingüístico o temático se nos hace ni siquiera sospechar que fueran judíos Celestina y su marido. Y no es que no encuentre yo tentador hacer judía a Celestina, que exhibe tal destreza y habilidad en su arte, que sólo una judía podía conseguir. En La Lozana andaluza no se hace la putería práctica exclusiva de judías, ni mucho menos, pero sí se las menciona como las mejores maestras (ver Mamotreto V, p. 47 en la ed. de B. Damiani. Véase también Sanford Shepard, "Prostitutes and Picaros in Inquisitional Spain," Neo-helicon 3 (l975): 365-372. La misma cuesti¢n vista en un contexto m s universalista, en Harry E. Wedeck, Love potions through the ages. A study of amatory devices and mores. New York, l963, p. 235). 4. Digo póstumo por considerar tales banquetes como expresión de un hambre de afecto, provocada por la pérdida del ser querido, y que se sustituye por un hambre de comida que tratamos de saciar mediante el hartón. Los psicoanalistas han elaborado sus teorías interesantes sobre este fenómeno del trabajo del duelo (v. Abraham, Selected Papers 433 s y Laplanche 135) que de ninguna manera es una característica de judíos, como Goldman parecía hacernos creer. Entre otros comentarios son de un valor especial, para los interesados en el misterio y la ambigüedad de la alusión de Pármeno, las reflexiones de Devereux (Dreams 121). 5. Téngase en cuenta que los textos que Goldman nos presenta son todos de carácter religioso y místico, faltando en su explicación el eslabón que pudiera conectarlos de alguna manera con el pasaje de Pármeno, satíricos de bajísimo fondo. 6. Sátiras I, 55 ss. Juvenal ridiculiza al marido que, ansioso de la ganancia, con la nariz en el vaso, roncaba, pretendiendo dormir, mientras la mujer entretenía al cliente; otros textos afines en Horacio, Odas 3, 20 ss., y Ovidio Amores, 2, 5, l3 ss. 7. Ausonio, Epigramas 93 (en Monumenta Germaniae Historica, Auct. ant., V, p. 220). E. Rodríguez-Solís da esta traducción: "Tú eres varón sólo a medias, Zoila, te has casado con una cortesana. ¡Cuanto vais a lucrar uno y otro! Tu mujer recibirá de su amante, y tú del suyo" (Historia de la prostitución en España y América, Madrid, p. 29). 8. One might infer that Celestina's marido was greatly in love with her and eager to demonstrate it, a further proof, perhaps, of her overwhelming popularity (145). 9. Por principio es inaceptable la corrección de un texto con base en una traducción a una lengua extranjera, y eso es lo que propone Gillet. En l506 apareció en Roma una traducción de Celestina a cargo de Alfonso Ordónez, en la que la expresión de Pármeno era: "o que comandator de boni arrosti era suo marito" (enmendada a su vez en la ed. de Venecia l535: "o que commandator de obi . . . "). No sabemos qué movería al traductor a trocar comedor por comandator, y hueuos por boni; el caso es que en l549, entre los refranes coleccionados por Pedro Vallés, aparece la doble formulación Comedor o comendador de huevos asados (Libros de refranes [Madrid, l9l7], cit. por Gillet, p. l45). Nada nos impide creer que la doble expresión es perfectamente sinomímica, posiblemente procedente de la de Pármeno en sus varias versiones. El italiano comandare (algún alimento) equivale, perfectamente, a nuestro ordenar (que sirvan algo de comer), con lo que la traducción no distaba del original. Más tarde, a comienzos del siglo XVII, la frase sufriría otra alteración en el Vocabulario de refranes de Gustavo Correas: "Encomendador de g{evos asados" (cf. Gillet, p. l45), alejándose así cada vez más de la usada por Pármeno. Correas explica que la expresión se predica de uno "por muy cornudo," a quien se le encomendaban los huevos que se ponían a asar, con el fin de que no se quebraran, porque con los cuernos podía defenderlos. La explicación es insustancial y, como reconocía el mismo Gillet, evidentemente viciada. Por otra parte, difícilmente cabe el concepto de marido "cornudo" en el contexto de Pármeno, en el que la prostitución de Celestina era celebrada por su notoriedad. 10. Según Alan Walton, "Cantharides was used, not only exclusively, but also carelessly. This `Spanish Fly' or Lytta Vesicatoria L., was made up in sweetmeats, chocolates, and similar confections; it was also cooked in cakes and biscuits" (Aphrodisiacs. From legend to prescription, Wesport, Conn., l958, p. l06). 11. A man who wishes to copulate during a whole night . . . may have recourse to the following recipe: He must get a great number of eggs, so that he may eat to surfeit, and fry them with fresh fat and butter; when done he immerses them in honey, working the whole mass well together. He must then eat of them as much as possible with a little bread, and he may be certain that for the whole night his member will not give him any rest" (l49). La creencia de los árabes en la virtud afrodisíaca de los huevos está bien documentada. Hemos de creer a Walton, cuando dice que España debió jugar el papel de retrasmisora de estas creencias a otras partes de Europa (v. arriba, nota 8, p. 95). 12. Remito al lector a las numerosas y documentadas notas de Cejador (I, 72-86, especialmente), y a M. Laza Palacios, El laboratorio de "La Celestina" (Málaga, l958). Más información bibliográfica en la nota 24, más abajo. 13. Anales breves del reinado de los Reyes Católicos, BAE (Madrid, l878), tomo LXX, pp. 560 ss. 14. Catholicus Rex habendae prolis, masculinae praecipue, est cupidissimus . . . Sumpsisse ibi dicitur cibaria quaedam ed [sic] Venerem facientia. Putavit, eo medio fore, ut uxor gravideretur. Eo inscio conditi taurini testes in escam fuerunt expositi ad rem optandam. Opus epistolarum, Petri Martyris Anglerii, Amstelodami, apud Danielem Elzevirium, l670: epist. 53l, pp. 290, 29l (citado por Angel Alvarez de Miranda, "Magia y medicina popular," en Obras, Madrid, l959, vol. II, p. 28). 15. "Magia . . . ," p. 29. Sobre la anécdota comentaba sardónicamente Fernando Sánchez Dragó: "Una vez más, como en las Guerras Púnicas, la mágia del toro ibérico salvaba los destinos peninsulares" (Gárgoris y Habidis. Una historia mágica de España, Madrid, l979, II, p. 33). 16. "Si tauri omnino rufi aridum genitale in pluverem convertatur, et ex eo pondus aurei unius mulieri in vino vel iusculo quopiam propinetur, fastidum coitus illi adferet, sicuti scripsit Rasis. Idem pulvis idoneis medicamentis commixtus, languidam as sopitam venerem in viris excitat, Marcello Empirico auctore" (Centuriae IX, 3, 30). No me ha sido posible consultar al médico árabe Rasis (Al-Raxi), 865-925). He podido comprobar que Marcelo Empírico no recomendaba los testículos de toro con tal finalidad, sino los de tejón (cf. nota siguiente). Por otros textos sabemos que si el toro era manso, sus testículos podían resultar anafrodisíacos (cf. H. Wedeck (n. 4, arriba), p. 227). 17. Venerem conciliant passeres in cibo sumpti et ova eorum . . . Qui in venerem infirmior erit, testiculos milonis ex aqua fontana, quae perennis est, cum melle decoctos edat ieiunus per triduum; statim remediabitur (33, 6-7). 18. The urine of the bull, the excrement of poultry (especially the hen), the testes of the hare and the stag, the penis of the donkey . . . " Aphrodisiacs . . ., p. 99. Sobre la continuidad en la trasmisión del recetario culinario comentaba H. Wedeck: "The traditions associated with the ingredients were manifestly read and studied and pondered over and memorized through the ages, and subsequently transmited to later centuries. So that by the Middle Ages there had been accumulated an immense reservoir of available constituents: human and animal matter, herbs, genitalia, liquified elements, excrements" (Love potions . . ., p. l75). 19. En ese mismo libro hay recetas que recomiendan distintos guisos de huevos de ave --incluso cangrejos-- por su valor afrodisíaco: El huevo de gallina es el más recomendable de todos y el de mayor efecto afrodisíaco p. 66. Los huevos de pájaro, si se comen cocidos, son afrodisíacos, y si se les añade oruga [una planta], tendrán un efecto más intenso 83. Los huevos de cangrejo son afrodisíacos si se comen después de haber asado el cangrejo 114 20. The lion's bravery resides in the lion's heart. Hence the eating of the heart, by a kind of sympathetic transference, will render the human consumer equally courageous. So the procedure extends throughout the entire amatory field . . . Goose testes and the stomach of a hare, well seasoned with spices, are amatory aids . . . Love potions . . ., pp. 226-27. De acuerdo con tales supersticiones, no resultará extraño que se mencionen animales a los que se creía dotados de gran potencial sexual, como el ciervo y el gallo. Wedeck refiere, asimismo, algunas prácticas de los tártaros, traídas a occidente por exploradores y viajeros: "Asiatic races were long known for their sexual prowess. Hence the West, through travelers and explorers and adventurers, was eager to acquire such knowledge in its own interest. In the case of the Asiatic Tartars, there were accounts of their strange practices. In one instance,, they used the membrum of the wild horse for its reputed high content of vital fluid. The genitalia of the stag, itself considered an extremely libidinous animal, were similarly regarded" (pp. l60-70). Loren MacKinney, en Early medieval medicine with special reference to France and Chartres Baltimore, l937) dice: "the testicles of roosters were used as a remedy for impotency" (p. 32). John Davenport dice del médico francés Mery (autor de Traité universel des drogues simples) "confidently prescribes . . . the partes genitales of a cock" (Aphrodisiacs and love stimulants, New York, l966, p. 27), como estimulantes amatorios. 21. Poco después de salir mi artículo, K. Kish, en colaboración con U. Rittzenhoff, publicó un comentario sumamente enriquecedor y gratificador, en el que demostraba cómo Christof Wirsung, traductor de La Celestina al alemán en 1520, daba a entender que Celestina suministraba testículos a sus clientes para fortalecer su líbido. Más tarde, apareció la edición de Miguel Marciales en la que reconoce sin ambages la referencia a las partes sexuales: "'Comedor de uevos assados' es lo mismo que 'comegüevos', i.e. cinedo, meretriz o ninario. 'Huevo/güevo' = miembro viril en amplísimas zonas de América" (II, 35). 22. Glossarium mediae et infimae latinitatis, s.v. OVUM. El poema latino De Vetula o De Mutatione Vitae fue considerado por mucho tiempo como de Ovidio: hoy se cree haber sido escrito en Francia en el siglo XIII (cf. Dorothy M. Robathan, The Pseudo- Ovidian `De Vetula', Amsterdam l968, edición con comentarios y notas). Es curioso el contexto de ova y semiviris, que no puedo menos de asociarlo al de huevos y capón de unos versos de Alonso de Maluenda y otros atribuidos a Quevedo que cita Cela, Diccionario II, 544. 23. Según Marciales "Los hispanistas y los españoles de allende suelen olvidar que la lengua que vino a América no fue la de Cervantes, sino la de Fernando de Rojas, esto es, la de la Celestina" (II,36). 24. Es graciosísimo el pasaje de Cantinflas en Los tres mosqueteros, cuando, lamentándose ante la reina de la carestía de la vida, le explicaba cómo en sus días "un huevo costaba un huevo." 25. El lector interesado en otros textos y bibliografía sobre las acepciones sexuales de huevos, debe consultar el Diccionario del erotismo de Camilo José Cela, las entradas 'hueva', 'huevazos', 'huevo', 'huevudo'. 26. Debo aclarar que Peter Goldman consideraba el comentario de Gillet "elusive," "ignoring the possible phallic innuendo of the word `hueuos'" (p. 363), alusiones que él mismo pasa por alto en su artículo. Véase la ambigüedad de sentido y la insinuación fálica en este estribillo que recoge S. Cirac Estopañán (Los procesos de hechiceria en la Inquisicion de Castilla la Nueva / Tribunales de Toledo y Cuenca/, Madrid, l942, p. l9l, según cita Gillet, p. l46):
27. The impossibility of performing the coitus, owing to the
abscence of stiffness in the member, is due . . . to a feeling of
jealousy, inspired by the reflexion that the woman is no longer a
virgin, and has served the pleasures of other men (240).
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